Apio.

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Jaramillo V., Juan
Osorio B., Jaime
Lobo A, Mario

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Resumen

Esta es una hortaliza cuya importancia ha venido creciendo en el país, especialmente en la sabana de Bogotá, según el Ministerio de Agricultura en 1978 se importó semilla para 950 ha. Esta especie sólo se dá en climas fríos (15-18 grados centígrados) con lluvias moderadas y bien distribuídas. Los suelos para el cultivo del apio deben ser de tipo franco, livianos y profundos, bien drenados y con alta materia orgánica, no muy ácidos, ni alcalinos (pH entre 5.8 y 6.6). Es muy sensible a la deficiencia de B y exigente en Ca. Se trasplanta en hileras a distancia entre 25 y 50 cm en banda o cuadro, para una densidad de 70.000 plantas/ha. El apio es una de las hortalizas exigentes en agua. Se calcula entre 20 y 50 mm semanales durante su desarrollo. El P y el N, son esenciales para el apio, en dosis de 400 a 500 kg/ha en suelos orgánicos y ligeramente ácidos. El B puede aplicarse foliarmente 2-3 meses entre 25 y 50 mm semanales durante la época de desarrollo. El sulfato de magnesio con el fertilizante ayudará a resolver la susceptibilidad por este elemento. La aplicación de abono orgánico puede reemplazar casi totalmente al químico. El blanqueo indica pérdida de color verde en el tallo y pecíolos del apio mediante prácticas que interfieren la luz. Los áfidos, minadores de hojas y gusanos trozadores, son perjudiciales. Las babosas son dañinas

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