Consumo de frijol común en el Caribe seco
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El Caribe colombiano incluye ocho departamentos donde la producción de hortalizas y frijol está restringida a las zonas montañosas de clima medio, debido a la alta evapotranspiración de las zonas planas, la baja cultura de manejo de riego suplementario y la alta afectación por los fenómenos climáticos extremos (Ruiz Cabarcas & Pabón Caicedo, 2013). Adicionalmente, esta región se caracteriza por sus altos índices de pobreza extrema (Marrugo-Arnedo, Del Risco-Serje, Marrugo-Arnedo, Herrera-Llamas, & Pérez-Valbuena, 2015), inseguridad alimentaria y deficiencia de micronutrientes, los cuales podrían suplirse con una mayor disponibilidad de frijol en la región, de la que se reporta solo la producción del 25 % del consumo (Lissbrant, 2015). Un aspecto fundamental que define el consumo y mercadeo del frijol es el tipo de semilla. En este sentido, cada país latinoamericano tiene sus gustos en las diferentes clases de frijol; por ejemplo, el caraotas se prefiere en Centro América y Venezuela, y el tipo seda, en Nicaragua. En Colombia el principal mercado está asociado a los cargamanto, aunque también se comercializan los calima, zaragoza, etc. En las regiones de ladera de Colombia (zona cafetera), los frijoles de grano rojo (entero o moteado) y de forma más bien redonda y elipsoide son los preferidos. En zonas más bajas por los que más se opta son los blanquillos, de grano pequeño a mediano. Las tres primeras variedades colombianas desarrolladas por hibridación fueron las líneas diacol calima, nima y gualí, que llegaron a convertirse en las tres variedades de hábito determinado, grano rojo moteado, más conocidas. Como productos Corpoica se destacan las variedades froilán de clase comercial, radical y ARS59 clase comercial calima (Voysest, 2000). En las regiones de la costa Caribe los frijoles más consumidos son el zaragoza (rojo pálido), el caupí y el palomito o blanquillo (Tofiño-Rivera et al., 2011).

